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Lecanemab y donanemab abren una nueva etapa en el tratamiento del alzhéimer

Lecanemab y donanemab abren una nueva etapa en el tratamiento del alzhéimer

04 Noviembre 2026
Equipo de redacción

Los ensayos clínicos con dos nuevos fármacos dirigidos contra la proteína beta-amiloide muestran que es posible ralentizar el deterioro cognitivo y funcional en las fases iniciales de la enfermedad.

Durante décadas, el tratamiento de la enfermedad de Alzheimer se ha centrado principalmente en aliviar algunos de sus síntomas. Sin embargo, la llegada de lecanemab y donanemab, dos anticuerpos monoclonales dirigidos contra distintas formas de la proteína beta-amiloide, está marcando un cambio importante en la investigación de esta enfermedad.

Una revisión publicada en septiembre de 2026 en Equity Neuroscience analiza los principales ensayos clínicos realizados con ambos tratamientos y concluye que los dos medicamentos han demostrado capacidad para reducir la acumulación de placas de beta-amiloide y ralentizar el deterioro clínico en determinados pacientes con alzhéimer en fases tempranas.

Los resultados no significan que exista una cura para el alzhéimer, pero sí representan un cambio de paradigma: por primera vez se dispone de tratamientos capaces de actuar sobre uno de los procesos biológicos relacionados con la enfermedad y modificar, aunque de forma moderada, su evolución.

¿Qué han demostrado los ensayos clínicos?

El lecanemab fue evaluado en el ensayo clínico de fase III Clarity AD, en el que participaron 1.795 personas con enfermedad de Alzheimer temprana.

Después de 18 meses de tratamiento, los pacientes que recibieron lecanemab presentaron un deterioro cognitivo y funcional significativamente menor que aquellos que recibieron placebo. En la escala CDR-SB, una de las principales herramientas utilizadas para medir la evolución clínica del alzhéimer, el tratamiento se asoció con una ralentización relativa del deterioro de aproximadamente el 27 %.

Por su parte, donanemab fue estudiado en el ensayo de fase III TRAILBLAZER-ALZ 2. En determinados grupos de pacientes en fases tempranas de la enfermedad, el tratamiento consiguió ralentizar alrededor de un 35 % el deterioro medido mediante la escala iADRS. Algunos indicadores funcionales mostraron reducciones cercanas al 40 % en el deterioro de la capacidad para realizar actividades de la vida diaria.

Por tanto, cuando se habla de una reducción de la progresión de “hasta un 40 %”, es importante tener en cuenta que el porcentaje depende del medicamento, del grupo de pacientes estudiado y, especialmente, de la escala utilizada para medir la evolución de la enfermedad.

Actuar en las primeras fases de la enfermedad

Uno de los aspectos más relevantes de estos tratamientos es que están dirigidos a personas que se encuentran en estadios iniciales del alzhéimer, como pacientes con deterioro cognitivo leve o demencia leve asociada a la enfermedad y con presencia confirmada de patología amiloide.

Los resultados refuerzan así una de las grandes líneas de investigación actuales: detectar la enfermedad cuanto antes y actuar antes que el daño neurológico sea demasiado avanzado.

Este cambio también está impulsando la investigación en biomarcadores capaces de identificar de manera cada vez más precoz los cambios biológicos relacionados con el alzhéimer.

Beneficios, pero también riesgos que deben controlarse

Los resultados son prometedores, pero estos tratamientos no están exentos de riesgos.

Entre los efectos adversos más relevantes se encuentran las denominadas ARIA (Amyloid-Related Imaging Abnormalities), alteraciones detectables mediante resonancia magnética que pueden incluir edema cerebral o pequeñas hemorragias.

En los ensayos clínicos pivotales, las ARIA con edema o derrame se observaron aproximadamente en un 12,6 % de los participantes tratados con lecanemab y en un 24 % de los tratados con donanemab.

Por este motivo, la selección adecuada de los pacientes y el seguimiento mediante pruebas de imagen forman una parte esencial del tratamiento. La evidencia disponible también indica que determinados perfiles genéticos, como los portadores del alelo APOE ε4, pueden presentar un mayor riesgo de desarrollar estas alteraciones.

El papel fundamental de los ensayos clínicos

La llegada de lecanemab y donanemab demuestra una vez más la importancia de los ensayos clínicos en el desarrollo de nuevos tratamientos.

Antes de que un medicamento pueda incorporarse a la práctica clínica es necesario evaluar de forma rigurosa su seguridad y eficacia mediante estudios en los que participan investigadores, médicos, coordinadores de ensayos clínicos, monitores (CRA), especialistas en gestión de datos, farmacovigilancia y numerosos profesionales relacionados con la investigación clínica.

Ensayos como Clarity AD y TRAILBLAZER-ALZ 2, con miles de participantes, permiten determinar no solo si un tratamiento funciona, sino también en qué pacientes puede resultar más beneficioso, qué riesgos presenta y cómo debe realizarse su seguimiento.

Además, la investigación no termina con la aprobación de un medicamento. Los estudios de extensión y los datos obtenidos posteriormente en la práctica clínica permiten seguir evaluando su seguridad, efectividad y aplicabilidad en poblaciones más amplias.

Una nueva etapa en la investigación del alzhéimer

Lecanemab y donanemab no curan la enfermedad ni permiten recuperar las funciones cognitivas ya perdidas. Sin embargo, representan uno de los avances más relevantes de los últimos años en el tratamiento del alzhéimer.

La posibilidad de ralentizar su progresión en determinados pacientes abre una nueva etapa en la que el diagnóstico precoz, los biomarcadores, la medicina personalizada y el desarrollo de nuevos tratamientos tendrán un papel cada vez más importante.

Y detrás de cada uno de estos avances se encuentra un elemento imprescindible: la investigación clínica y los profesionales especializados que hacen posible que un nuevo tratamiento pase del laboratorio al paciente.

En IUSC, la formación especializada en investigación clínica prepara a profesionales para participar en las diferentes etapas que hacen posible el desarrollo y seguimiento de nuevos tratamientos, contribuyendo al avance de la medicina y a que los resultados de la investigación puedan trasladarse a la práctica clínica.